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El Ejército Español aúna el nexo entre la sociedad civil y la militar

Por José Antonio Alhama


Después de la primera crónica que escribíamos y en la que tratábamos de explicar qué era y es el cuerpo de Reservistas Voluntarios, nos quedaba la segunda fase. La primera se llevó a cabo en tierras de San Fernando (Cádiz) y en la que estaba dedicada a la formación básica militar. Ya de hecho fue una experiencia interesante para todos, pero aún más para el que redacta esta crónica y lo que significaba el hecho de volver dos décadas después donde cumplió con sus obligaciones militares existentes en ese momento.

La Jura de Bandera sirvió para invocar innumerables recuerdos, experiencias y compañeros a los que, con sus anécdotas, vuelven a la memoria, aunque con cierta diferencia en el espacio y tiempo. Dos semanas en las que el hecho de regresar a la disciplina militar, a la comprensión de mandos y alguna que otra incomprensión de amigos de trabajo y de la sociedad, que veían cómo alguien (como mi compañero Enrique J. Sacanell) volvía a un lugar que, se quiera aceptar o no, sirvió para marcar a más de una generación.

Cuantas anécdotas, experiencias de la “mili” se han contado y, de hecho se cuentan día a día en cualquier sitio y lugar. Lo cierto es que si nos ponemos a analizar nuestra Constitución, esa a la que tantas veces se cita y que es la gran desconocida, la defensa del Estado corresponde a todos los españoles, se quiera aceptar o no, además, claro, de ser no ya un deber ­que lo es­ sino un derecho que enmarca la norma suprema de nuestro Ordenamiento; o sea que de hacer algo extraño, nada: al contrario un derecho y deber.

Pues en honor a la verdad esa fase de la formación primera, sirvió para conocer a compañeros del resto del país y con las mismas intenciones e inquietudes; algo que nos hacía desechar la idea de estar inmersos en cierto desequilibrio. Gentes de toda condición, clase, ideología política que unía ese concepto de solidaridad y ganas de poder aportar su experiencia de la vida civil a la militar.

Preparación

Iban a ser dos semanas llenas de connotaciones y recuerdos (personalmente recuerdo a dos amigos y vecinos de Benidorm que coincidimos en Camposoto, Chus ,de la Rana y excelente colaborador de este medio, y a Jaume Nomdedeu). Bien, más de uno ya estábamos preparados para soportar todo lo que supone esa primera fase de la formación y la adaptación a la vida militar. El tiempo pasaba y el calor de Cádiz hacía complicado el hecho de poder tener esa preparación adecuada pensando más los mandos en la edad y en la forma física de algún que otro aspirante.

Lo cierto es que la primera fase de la quinta convocatoria de suboficiales, poco a poco iba saliendo según lo que estaba previsto y en las dos semanas, se aprendía lo esencial para poder ayudar a los profesionales que, claro está, sabían ­ saben ­más que un colaborador.

Los ejercicios de tiro, los que sufrían con las rozaduras de las botas y la preparación de la Jura. Hecho éste que se llevó a cabo el seis de octubre en la base del CEMOV II y en la que, con presencia de familiares de los alumnos aspirantes, se cumplía con un compromiso que algunos ya habíamos hecho tiempo atrás; pero ese momento de emoción nadie lo puede olvidar. Como tampoco a los amigos que a lo largo de tu vida, en esas anécdotas se suelen contar y que se recuerdan de manera particular.

Formación específica

Uno de los aspectos que más llama la atención del Cuerpo de Reservitas Voluntarios, es que puedes elegir el lugar en el que te pueden activar, por cuestiones de cercanía, etc. Tuvimos la oportunidad de elegir entre la AAULOG XXXI de Paterna (Valencia) y la Academia de Infantería de Murcia, al final y desde la Subdirección de Enseñanza y Formación, nos destinaron a Valencia.

Las fechas de esta segunda fase de formación se centraban entre el trece y veinticuatro de noviembre. Tras recibir el correspondiente pasaporte de la sub-delegación de defensa de Alicante, el trece a las ocho de la mañana, nos presentábamos en las dependencias de Paterna.

Una vez formalizados los trámites oportunos, el Sargento Primero Soto (mi buen amigo Ricardo) nos presentaba al Comandante Moreno, al capitán Esteban (de artillería orgulloso que está), así como al Tte. Coronel del regimiento. Finalizados estos trámites, nos pusimos a las órdenes del Brigada de infantería De Gracia Belda (posiblemente la persona más justa que haya conocido) junto a dos verdaderos amigos, los cabos Jorge Barberá, de infantería y la cabo Gómez Balarich (transmisiones), por cierto que conocía el ascenso a cabo primero estando ahí.

Todos ellos eran y son los responsables de la OFAP (Oficina de Apoyo al Personal) que asesoran y ayudan a cuantos lo soliciten; crean boletines de información, te ayudan en todo aquello que está en su mano... Una sección digna de tener en cuenta con y por su funcionamiento. Toda la primera semana se estuvo en esta dependencia y con todo el apoyo y consideración digna de todos.

Maniobras

Ya en el primer día de incorporación, nos dijeron que el lunes veinte nos iríamos de maniobras con el resto de la compañía. El lugar iba a ser la zona de maniobras de la base de Marines y concretamente el campamento base se establecería en La Masía. Con todo esto, ese lunes todo el convoy salía del acuartelamiento para dirigirse a la zona y efectuar durante toda la semana, lo que el capitán Esteban había comentado: “...vamos a olvidarnos de los ordenadores, a estar en el campo y lo que es más importante: convivencia entre nosotros”.

En lo que concierne al personal, lo iban a formar, el ya mencionado capitán Esteban; el Teniente de Infantería Hurtado; los Sargentos Primero, Soto, Sanchis, Agra y Herrero. Junto a ellos los cabos Barberá, Polo, Labajo, Del Río, Moreno, Jiménez, De Mateo, García, Almodóvar y Rubira; además de los soldados y el reservista voluntario. Toda la semana iba a consistir en la realización de un programa en el que se incluían desde clases de transmisiones, montaje de tiendas modulares, formas de conocer rumbos y orientaciones, tanto nocturnas como diurnas, formas de supervivencia, combate nocturno, tiro... Todo un cúmulo de actividades que iban a servir para ponerse al día y encontrar el principal objetivo: la convivencia.

El día se iniciaba, como no podía ser de otra forma, como el izado de la bandera y el comienzo de lo que estaba ya planificado. Los días iban pasando, los comentarios entre todos giraban en lo mismo: qué rápido se ha pasado el tiempo; quizá porque en cada momento se hacían cosas y no cabía espacio para pensar en lo que faltaba, aunque este punto era, desde luego el que menos. El jueves veintitrés, el Teniente Hurtado previó la realización de una carrera para descubrir ciertos rumbos entre las escuadras que formaban la compañía y en la que, no podía faltar, la cabo De Mateo, vencía (no, no es hacer la pelota, es la verdad). Lo importante es que la colaboración entre todos era fundamental, ganara quien ganara.

Regreso y agradecimientos

El viernes, con todo recogido, dadas las oportunas batidas y dejando todo en perfectas condiciones, el convoy volvía de Marines a Paterna con el fin de devolver las diferentes pertenencias a las secciones que habían colaborado en el desarrollo del “Alfa”. Efectuadas todas ellas, el capitán Esteban, por aquello de ser su cumpleaños, decidía dar un pequeño ágape a todos los componentes de su compañía. Una y otra vez repetía lo bien que había salido la experiencia y que en más de una ocasión había que repetirla. Por otro lado, deseo expresar mi agradecimiento a las siguientes personas. Cádiz: Capitán de Ingenieros Robledo; Teniente de Caballería Mañalich; Sargentos Primero de Infantería: Cazalla, De la Rosa y Chía. Paterna: Capitán de Artillería Esteban; Teniente de Infantería Hurtado; Brigada De Gracia Belda; Sargentos Primero: Soto, Agra y Sanchis de Infantería y Herrero, Especialista. Cabos: Barberá y Almodóvar de Infantería; Polo, Labajo, Del Río y García, Logística. Moreno de Caballería; Lebrón, Jiménez y Gómez Baladrich de Transmisiones; Rubira, especialistas y De Mateo, Administrativo. A todos, gracias. Sois un ejemplo de amistad.

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